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Nowheristan

En ocasión de su segunda exposición individual en ADN Galería, Igor Eškinja regresa con una serie de fotografías y dos instalaciones realizadas en el espacio de la galería.

 

Con Nowheristan, el artista croata permanece fiel a su línea, caracterizada  por un cuestionamiento sobre la producción y la recepción de la imagen en el espacio expositivo. Eškinja pone en evidencia el carácter construido de la mirada y los regímenes de visibilidad que condicionan a la vez nuestra percepción de la realidad y su representación. El artista ha concebido un neologismo para titular la exposición, en el que se asocia la idea de no-lugar (nowhere, en ninguna parte) y la definición de un territorio especifico, sugerida por el sufijo –stan, palabra árabe que significa tierra, territorio. Se trata de un oxímoron que designa a la vez un lugar físico, circunscrito geografícamente, y un espacio inmaterial, fruto de la imaginación. Este estado intermedio constituye precisamente un aspecto clave de la obra de Eškinja: mantener permanéntemente un equilibrio paradójico entre el mundo material y una esfera conceptual.

 

Eškinja trabaja a partir de elementos singulares básicos, esencialmente dos familias: los objetos y las formas que interactúan con esos objetos, aplicándose en su superficie y perturbando su visión. Las fotografías presentadas en la exposición retratan objetos cotidianos desde una perspectiva frontal, destacando sobre fondo neutro y bañados por una luz blanca y uniforme. Cada objeto se ve contaminado por una o varias manchas de distintos colores, de tal manera que esas manchas se asemejan a drippings proyectados no sobre el objeto sino sobre la superficie misma de la fotografia. No obstante el juego perceptivo, el

artista nos desvelará el secreto de las fotografias y el proceso de construccion ilusionista de la imagen bidimensional a través de dos instalaciones concebidas in situ en el espacio expositivo. La primera con la aplicación de otra mancha; la segunda con la elaboración de un alfombra bien particular, realizada con las hojas de sala de la exposición.

Tanto en su trabajo fotografíco como en las instalaciones, Eškinja opta por una economía de medios que reenvía a los lenguajes del arte conceptual y del arte povera. Mientras se inspira en el primero en sus propiedades factuales y analíticas, la referencia al arte povera es visible en el uso de materiales sin valor, que se han vuelto casi invisibles al pertenecer a nuestra vida quotidiana – unos caballetes, un sofa, bolsas de la basura, una escalera de pintor. El objeto se caracteriza entonces por su pragmátismo, enfatizando su carácter trivial y, de manera más sorprendente, por sus propriedades arquitectónicas, que permiten jugar con la mancha en una suerte de trampantojo que contamina su visualización. 

La “imágen-mancha” actúa como ataque dirigido a la seriedad del objeto ready-made, apunta con ironia al carácter fundamentalmente artificial de la decontextualización operada por el arte conceptual ortodoxo, y pone en evidencia el carácter mediatizado de cualquier representación.

Por lo tanto, aunque las obras de Eškinja seducen por su estética minimalista y anti-espectacular y por su capacidad para producir significado unívoco en afinidad con el lenguaje publicitario, esta aparente ausencia de ambigüedad esconde un contrapunto irónico. Si bien es cierto que los objetos y materiales constituyen una presencia fuerte tanto en las instalaciones como en las fotografias de Eškinja, es la relación dialéctica entre la materialidad del objeto y el carácter construido e ilusiorio de su aparición en el espacio lo que permanece latente en todo el trabajo del artista. La aprehensión física de la obra se acompaña siempre de una reflexión conceptual en torno a esta misma experiencia de percepción/recepción. Muchas veces en la obra de Eškinja y en particular en Nowheristan, es difícil distinguir que cual es la forma expresiva que viene en primer lugar: ¿es la fotografía la que se constituye en índice de la instalación tridimensional, o, por el contrario, sirve de modelo ?

 A diferencía de la perfección engañosa de las fotografías, las instalaciones en el espacio real permiten experimentar un desajuste que la fotografía esconde. Mientras la fotografía congela el evento y mantiene una perspectiva única que impide cualquiera verificación, la instalación desmistifica todo, negando la lógica del punto de vista único. Basta moverse para ver la imágen perfecta volatilizarse en una multitud de puntos esparcidos. 

En cierta medida, podemos trazar una línea de continuidad entre el trabajo de Eškinja y la tradición ilusionista renacentista, expresada en representaciones anamórficas o en trampantojos , o simplemente a través el uso de la perspectiva como instrumento de control de la mirada. De la misma manera que los artistas del Renacimiento se servían de la representación en perspectiva para crear un espacio perfecto, aunque totalmente ilusorio, las fotografías de Eškinja mantienen una ilusión de lo que es visible. El acontecimiento queda fijado en un marco de visibilidad y de lectura preciso. La imagen nos llega casi impuesta, como un corset visual que esconde lo que estamos sospechando y ofrece una visión única, sin profundidad.

 La instalación ilustra, en cambio,  el proceso de su propia construcción y restaura para la misma ocasión el proceso de elaboración de la imágen fotográfica, proporcionando una experiencia espacial y temporal distinta.

 

En Nowheristan, instalaciones y fotografias presentan pues dos facetas de un mismo evento, dos marcos de visibilidad distintos. Con su habitual ingeniosidad, Eškinja elabora un doble sistema, de mistificación y demistificación simultáneas, reconciliando la experiencia estética con el análisis de los propios procesos que la producen. Sabotea los regimenes de visión establecidos para volver a una versión compleja y crítica de la representación.

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