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Let´s get physical

ADN Galería presenta su segunda exposición individual de Carlos Aires, Let’s Get Physical.  Mientras que en la primera exposición Danzad, Danzad, Malditos Carlos Aires cerraba un periplo de trece años de formación y trabajo en el extranjero y, a modo de recapitulación, se presentaron algunos registros creativos y prácticas emprendidas por el artista, la exposición que presentamos ahora está marcada por otro factor autobiográfico: el rencuentro con un modo de vivir reconocible por el artista pero que sólo se puede ver con una mirada alterada. Esa mirada-archipiélago que nos mostró Edouard Glissant, de aquel que se reconoce en el otro precisamente porque puede mirarse a sí mismo con los ojos del Otro. Aires es uno de los artistas que en ADN Galería identificamos como global busters, manejando a la perfección los procesos de mestizaje y una estética del caos inclusiva en la que realidades opuestas conviven para generar aperturas del conocimientos auspiciadas por lo imprevisible: trabajar con asociaciones de ideas y estereotipos para intervenir en nuestra percepción de la realidad. Realidad y ficción, verdad y falsedad, naturalidad y artificio, tradición y contemporaneidad, son dicotomías que en su trabajo se diluyen. La unidad de la obra se define justo en el momento de conciliación de estas dicotomías.

 

En Let´s Get Physical nos enfrentamos a un conjunto de obras e instalaciones en las que la historia, la tradición y la visceralidad ibérica se entremezclan con el leitmotiv más recurrente en la obra de Aires: los títulos y letras de canciones relacionadas con el amor, las relaciones, el recuerdo y el dolor. El primer ámbito acoge una instalación con claras referencias a los patios y cementerios andaluces donde acopla fotografías vintage de guardias civiles con tricornios de cerámica utilizados como macetas para plantas exóticas: este giro conceptual nos aboca a la unión irónica entre nacionalismo y globalización, propia de la estética de la colisión que ya hemos mencionado. Esta instalación precede la escultura enigmática de Santiago Matamoros, patrón de España, blandiendo una espada dorada en cuya hoja se ha troquelado el famoso estribillo de Olivia Newton John Let’s Get Physical: canción que habla de la necesidad de llegar al contacto corporal y del descontrol que el encuentro provoca y que se recrea en el juego de palabras, “seamos físicos”, que conecta con la parte corporal e incluso abyecta del ser humano.

 

Otras citaciones musicales están presentes en todas las obras del segundo espacio de la exposición, como en How Deep Is Your Love: una instalación, en forma de corazón, realizada con cuchillos de Albacete. En cada cuchillo se ha grabado el título de canciones conocidas de amor y desamor: “Killing me softly”, “Do you really want to hurt me?” o “Se nos rompió el amor de tanto usarlo”. Otra dicotomía representada por la dulzura del corazón, las letras románticas y esos cuchillos extremadamente afilados. Combinación que se resuelve en una aparente y atractiva fusión entre el amor y el odio que aviva cualquier relación.  Esta obra es una alegoría del amor visceral, donde las entrañas y los sentimientos se encuentran, cargando de cierta violencia al acto de amar y donde la muerte asoma su cabeza. La instalación estará flanqueada por una veintena de reproducciones de fotografías provenientes de los archivos del Fotomuseum de Amberes, de la Biblioteca Nacional y del periódico ABC en Madrid. Las reproducciones estarán intervenidas con letras de canciones en bajorrelieve grabadas en oro de 24 quilates.

 

En el tercer y último ámbito de la galería encontraremos la instalación Let´s Get Lost, donde el artista se recrea en el repertorio visual de iconografía patria, religiosa, pornográfica y violenta. A modo de retablo barroco se nos presenta una composición de obras realizadas con discos de vinilos dorados dispuestos en marcos negros para resaltar la suntuosidad de las figuras recortadas, a modo de espacio mental de convivencia de imágenes muy dispares: una alegoría pertinente del continuo devenir de imágenes en los media y en ese nuevo espacio para lo posible que denominamos Internet. Pequeños altares contemporáneos donde los dioses son de carne y hueso, con historias extraídas de los noticiarios y no de las sagradas escrituras. Let’s Get Lost es también la frase que corona un Jesús crucificado, pintado con pintura de carrocería en color negro metalizado brillante. La frase, realizada a base de bombillas, recuerda las luces feriales y en la canción de Chet Baker invita a dejarse llevar por el amor, a perderse en las entrañas de la persona querida. De nuevo hay un juego lingüístico, Lets get Lost: perdámonos. Esa pérdida tiene una clara connotación amorosa en la canción original pero aislada puede significar un errar sin rumbo, un estar perdido: una invitación a decidir quién o qué esta perdido. Sin duda se ha usado este título porque Chet Baker, que casi siempre habla del amor en sus canciones, acabó  suicidándose, tiñendo de negro ese “Lets get lost”.

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