CONCHA PEREZ
LO QUE NOS QUEDA
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Fechas: 23 de septiembre de 2009 – 31 de octubre de 2009
Inauguración: 22 de septiembre a las 19h30
ADN Galería, c/Enric Granados 49, Barcelona
El trabajo de Concha Pérez (Madrid, 1969) se enmarca en el contexto de la fotografía digital
intervenida, medio en el que desarrolla una profunda investigación sobre la articulación
arquitectónica. La suya es una reflexión continuada que muta y declina con tal de poder
expresar a través de sus imágenes sensaciones y sentimientos derivados de la praxis creativa.
Pero no sólo por las condiciones técnicas de su obra es posible (necesario) afirmar que Concha
es una artista eminentemente contemporánea, sino que a un nivel más conceptual demuestra
total compromiso en el contexto actual. Si bien no se trata de un arte político en su acepción
dialéctica, muestra indudablemente una inquietud por el análisis sociológico verso la
contemporaneidad y las consecuencias de los procesos de gentrificación hegemónicos. A un
nivel más formal, sus obras no desarrollan una simple función documental o de registro, pues
la intervención en la fotografía denota una clara intencionalidad poética, no meramente
estetizante, sino dignificando los espacios que elige.
Concha introduce LO QUE NOS QUEDA sirviéndose de las leyes de la termodinámica: La
materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma; la transformación de la energía implica
un incremento del caos. Efectivamente este caos generado por el cambio, por las
transformaciones derivadas de la acción del fluir de la vida y especialmente por la acción del
ser humano, nos es evidenciado a través de sus fotografías. Lugares deshabitados, deshechos
de una rutina pasada, escombros de hábitats y de hábitos que hoy parecen recónditos,
enterrados por el paso del tiempo.
Si bien sus fotografías hablan del vacío del contenido de algunos espacios, es el propio vacío el
que nos remite a su contenido. No son lugares muertos. El cambio que ha dado este aspecto
desértico, obsoleto a estos espacios, es el mismo que nos habla de su vida. Sus imágenes no
representan un ente inanimado. El desuso, el abandono, no sólo nos remite al tránsito y al
movimiento que en su día ocupaba aquél espacio, sino al desplazamiento de la actividad a otro
lugar, pues la energía sólo se transforma. Es la propia inercia vital la que ha generado el
espacio, y los espacios que por el uso y el cambio hemos condenado al caos vuelven a
mostrarse, ahora a través de la mirada de Concha Pérez y en forma de fotografía.
Podemos considerar que la disociación del contenido y el contingente genera lo extraño.
El
flujo de la vida, su evolución, los cambios diarios, producen inevitablemente espacios a los que
aquello que les daba sentido pertenece ya a un tiempo pasado. Las fotografías de Concha
Pérez muestran la extrañeza de la vida en el presente de los espacios olvidados por el
transcurrir del tiempo.
¿Qué pasa cuando un espacio presente es habitado por el pasado? ¿Cómo se nos muestra este
lugar en el que conviven dos tiempos distintos? Probablemente fantasmagórico, emitiendo
inevitablemente un exceso de sentido, imprimiendo en la imaginación del espectador una
imagen de lo que aquello fue, apareciéndose continuamente, de forma involuntaria e
imposible de controlar el espectro de la realidad que en su día habitó el espacio dándole
sentido.
¿Sigue una escuela siendo una escuela a pesar de su total desuso actual? De que hablan los
micrófonos de unos conferenciantes inexistentes? De qué sirve que las mesas sigan tan bien
ordenadas si no hay nadie a quién alimentar? Parece que algunos de los elementos
introducidos digitalmente por la artista en las fotografías nos hablan de este espectro, de lo
extraño del lugar en desuso, abandonado. Ese efecto queda aún más acentuado por la
dificultad de discernir lo que es real y lo que es manipulación.
Se trata en definitiva un juego dialéctico entre las esencias y las apariencias. La tensión entre lo
que es, era y aparenta ser, se resuelve finalmente en la conclusión de que las cosas son porque
nosotros hacemos que sean. Lo que nos queda de estos espacios, que son a la vez que eran, es
la cuestión que Concha presenta cerrado por una gran capacidad técnica y un notable sentido
del encuadre, un dominio absoluto de la percepción del espacio.